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Buga, Valle del Cauca

Creo que fue muy común en Colombia en la época de la colonización que las ciudades fueran fundadas y trasladadas muchas veces, pero Buga ha sido una de las que más se ha movido de lugar y a la que solo un milagro podría dejarla en el lugar correcto, por eso creo que allá está el tan famoso Señor de los Milagros, que aunque su historia no tiene nada que ver con los traslados que tuvo la ciudad, yo estoy segura que sirvió para crear la identidad de lo que hoy es Buga, entonces para conmemorarlo, te voy a contar la siguiente historia:

“La indígena que lavaba ropa” así me pusieron en los libros de historia, pero, aunque así me nombraron, gracias al Santo Cristo, hoy soy leyenda. Soy una humilde indígena de cuna pobre, vivo en un rancho de paja, al lado del rio Guadalajara, rio que me ha dado el oficio del cuál vivo hoy, lavar ropa. Ya tengo 50 años y mi sueño siempre ha sido tener un crucifijo, pues desde que llegaron los españoles a colonizar nuestras tierras, me volví muy creyente en Dios. Normalmente por mi oficio recibo algunos cuantos reales y hoy después de mucho trabajo pude ahorrar 70, que usaré para entregárselos al párroco del pueblo para que me compre el crucifijo. No me lo van a creer, pero camino a entregar mis 70 reales, me encontré con Juan, un padre de familia que conozco hace tiempo y que sé que es buena persona, Juan, iba esposado camino a la cárcel, pues tenía una deuda con los españoles, adeudaba 70 reales, justo lo que yo había ahorrado, a mi no me dió el corazón para no pagar la fianza de Juan, pues sé que es un padre muy entregado a su esposa e hijos, entonces, hoy nuevamente me quedé sin un solo real, comenzaré de cero, pero confiando en que Dios me ayudará.

Hoy es jueves, día que me toca lavar más ropa, hoy en la tarde mientras lavaba en el río encontré bajando por sus aguas, el crucifijo que por tanto tiempo había querido, pero como no podía creer que este crucifijo no tuviera dueño, me fui a preguntar por todos lados si era de alguien, su dueño nunca apareció, yo me lo lleve a mi casa, lo puse en una caja de madera y le hice un pequeño altar, lo que ustedes no me van a creer es lo que sucedió al otro día, me desperté y el crucifijo había triplicado su tamaño, yo tampoco me podía creer esto, pensé que estaba soñando o algo parecido, por eso llamé a todas las personas del pueblo para que lo presenciaran, esto es un milagro de Dios.

Pasó mucho tiempo después de este evento y se dice que este crucifijo incluso creció tanto que hoy mide 1.33 metros, este Cristo está ubicado en la Basílica Menor del Señor de los Milagros de Buga, y se dice, bajo gravedad de juramento de varias personas de la ciudad, que este Cristo ha sido protagonista de hechos y milagros sorprendentes, así que tanto si eres creyente como si no lo eres, este, es un lugar que definitivamente hay que conocer, sumergirte en sus historias que parecen sacadas de cuentos, visitar al Señor de los Milagros y corroborar su historia por ti mismo.

Obviamente también para poner otro sello en tu pasaporte y un sticker MUCA en tu moto o carro.