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Playa de Belén

Ubicado en el Norte de Santander, este pueblo fue llamado Playa de Belén y sé que al escuchar este nombre te puede pasar como a mí e imaginarte el pesebre, aunque ¿Sabes qué? No estamos muy alejados de la realidad, este lugar lleva este nombre gracias a sus características, Playa por lo arenoso y Belén por ser un pueblo pequeño que se asemeja al lugar donde nació Jesús, también llamada por algunos “El pesebre en medio de estoraques” Lo que más te va a sorprender de este lugar no es su nombre sino las historias que hay alrededor de él, hoy te contaré una con la que seguro que te van a dar ganas de conocerlo:

Mi nombre es Francisco Martín, único sobreviviente de aquella tragedia ocurrida en las montañas el día de reyes de 1532, fuimos enviados 24 hombres por el capitán Íñigo de Vascuña para llevar el oro que se había recogido en Coro Venezuela, una gran fortuna de 100 mil castellanos que debíamos llevar hasta Tamalameque. Nosotros, poco conocedores de aquellas montañas, decidimos tomar un atajo siguiendo la serranía hacia el sur, sin embargo, no contábamos con la inclemencia de la selva, por ganar tiempo terminamos perdidos en pantanos y montañas despobladas donde padecimos terribles sufrimientos que hasta ahora estoy seguro que no pasarían por la imaginación de ninguno de ustedes. Sin provisiones, debilitados por las dificultades del camino y la soledad de la selva, decidimos aliviarnos de la carga y tomamos la decisión de dejar nuestro tesoro al pie de la única y hermosa ceiba, la señal perfecta para poder encontrarlo después. Las inclemencias del clima, la selva y el hambre, nos llevaron a tomar la decisión de comer lo que se nos atravesara en el camino, comenzamos consumiendo al principio una palma amarga; más tarde, el hambre nos llevó a comernos el único perro que nos acompañaba, no siendo suficiente, terminamos también comiendo los cuerpos de los indios pacabuyes quienes emprendieron con nosotros la expedición, esto no me enorgullece para nada contarlo, pero es necesario para que se entienda el contexto. Después de realizar estas atroces acciones por culpa del hambre, ninguno, entre nosotros, volvió a mirarse de la misma manera, todos teníamos desconfianza porque sabíamos que uno de nosotros podría ser la próxima cena, así que, viendo los hechos tan atroces que nos provocaba el hambre, decidimos separarnos e ir cada uno por su lado. Yo por mi parte, tomé un tronco que me sirvió de balsa improvisada y sin esperanzas me dejé llevar por el rio, al pasar grandes obstáculos de piedra y agua, llegué a la aldea de unos indios que, para mi sorpresa, me acogieron en tu tribu y les caí tan en gracia, que el cacique me entregó a una de sus hijas para hacerla mi esposa. Esto no me lo vas a creer, pero yo me convertí en el curandero del pueblo, mis nuevos “dones” me sirvieron para enterarme con los otros curanderos de otras tribus, que mis compañeros fallecieron en la selva y que yo fui único sobreviviente de esta expedición.

De Francisco Martín no se volvió a saber nada, pero del oro que se dejó en las montañas de aquel lugar si, ya que fueron muchas las expediciones las que se realizaron a las montañas de Ocaña, Aspasica y Playa Belén en busca de ese gran tesoro dejado por aquellos españoles en 1532, pero yo, yo creo que ese tesoro o era un simple mito o  desapareció tal como ellos lo hicieron, maldito por toda la sangre que se derramó por aquellos días, sin embargo, si vas a Playa Belén podrás encontrar otros tesoros que también te llenarán el alma de riquezas, el tesoro de los estoraques, las casitas blancas con materas de barro, el cementerio y su iglesia.

Sabemos que este sello es el que te falta en tu Pasaporte.